Louis Lequin Santenay Vieilles Vignes 2020

41,00 €

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Descripción
Podríamos decir que este Santenay Vieilles Vignes es el vino emblema del Domaine Louis Lequin pues, no en vano, es el vino en el que ellos reconocen que se baten el cobre. Su idea es realizar un vino de viñas viejas (más de cuarenta años) que sea año tras año un fiel reflejo de la filosofía del Domaine. Poca capa pero sensacional a la vista. Nariz total de Santenay, perfumado, muy floral. Hay una fruta roja bonita con alguna hojarasca. En boca es serio, la nariz te hace esperarlo más goloso y sin embargo resulta seco, le viene bien un poco de aire para ganar expresividad en boca. La familia Lequin es una familia de viticultores desde 1604. Más de cuatro siglos contemplan por tanto al Domaine aunque es desde hace unos años que Antoine y Cécile, jóvenes pero sobradamente preparados, han tomado las riendas de este Domaine de Santenay. Santenay es una denominación dentro de la Borgoña hacia la que cada vez se presta más atención. Parte de la Cote de Beaune es la denominación en la que termina la Cote dOr y, curiosamente, es una zona mucho más de vinos tintos que de vinos blancos como ocurre en las vecinas Chassagne y Puligny. Pero no nos desviemos del tema, que hemos venido a hablar del Domaine Louis Lequin. Santenay siempre ha tenido un cierto carácter rústico, pero los Lequin trabajan con poca extracción y tienen el buen gusto de guardarnos las botellas unos años durante los cuales los vinos se afinan y permiten que la delicadeza borgoña emerja para regocijo de los amantes de los grandes vinos del puño de hierro en guante de seda. En el viñedo se trabaja de forma respetuosa, con fertilizantes naturales y sin herbicidas, usando el laboreo tradicional para remover hierba cuando se considera necesario. La vinificación de los tintos combina el racimo entero y el despalillado en porcentajes variables y la crianza es en barrica de roble francés con porcentajes variables de roble nuevo en función de la cuvée. Los blancos fermentan en barrica de roble francés, lo que obliga a tener una gran sensibilidad en la vinificación para no abrumar el vino con los tostados. Los vinos blancos resultan intensos y golosos.