Gabriela Ybarra debuta con una novela autobiográfica de una potencia narrativa excepcional, donde reconstruye dos eventos traumáticos que marcaron a su familia: el secuestro y asesinato de su abuelo por parte de ETA en 1977 y la muerte de su madre años después. La obra es una reflexión sobre el duelo, la herencia de la violencia y cómo el pasado político de un país se entrelaza con la intimidad familiar. Con una prosa sobria y contenida, Ybarra logra un relato valiente que ha sido aclamado por la crítica por su profundidad emocional y memoria.