En este ensayo clásico, el doctor e historiador Gregorio Marañón ofrece una visión profunda y psicológica sobre la figura de El Greco. Lejos de ser una biografía convencional, la obra explora la simbiosis mística entre el pintor cretense y la ciudad de Toledo, argumentando cómo el ambiente espiritual y físico de la ciudad influyó decisivamente en su estilo artístico. Marañón despliega su erudición para analizar la "toledanización" del artista, convirtiendo este libro en un texto fundamental para comprender tanto al pintor como a la historia cultural de España.