Ambientada en el Nueva York de 1893, esta novela es un thriller histórico con tintes fantásticos y góticos. Un pintor de retratos es contratado por la misteriosa señora Charbuque para realizar su retrato, pero con una condición insólita: debe pintarla sin verla nunca, basándose solo en sus conversaciones separadas por una pantalla. Lo que comienza como un desafío artístico se convierte en una peligrosa obsesión que arrastra al protagonista a los bajos fondos y a los secretos más oscuros de la ciudad. Jeffrey Ford crea una atmósfera hipnótica.