Esta novela es un emotivo y melancólico tributo a los cómicos de la legua, los actores ambulantes que recorrían los pueblos de la España de posguerra. A través de la compañía de Carlos Galván, Fernán-Gómez retrata un mundo en extinción frente al auge del cine y los cambios sociales. La obra equilibra con maestría el humor, la picaresca y la tristeza de unos personajes que, pese al hambre y el olvido, mantienen una fe inquebrantable en su oficio.