Pedro y Elizabeth no se conocan y nada indicaba que hubiera entre ellos la menor afinidad, salvo que ambos eran jvenes y que la infelicidad que nublaba su vida- cargada de ansiedad, depresiones y fracasos sentimentales- los haba llevado a ponerse en manos del mismo psiquiatra. Esta circunstancia en apariencia casual no tard en revelarse como una estratagema del destino. . Ediciones B. Barcelona. Año 1996.