Las aplicaciones del aceite de lavanda son numerosas. El efecto relajante del aceite de lavanda es de los más conocidos. Puede ayudarnos a aliviar el nerviosismo, la depresión o el insomnio gracias a sus propiedades sedantes. El aceite de lavanda es perfecto por su acción antiinflamatoria y analgésica. Junto con el aceite esencial de árbol del té y el de manzanilla, la lavanda reduce y alivia cualquier síntoma provocado por infección, los dolores musculares, contusiones o afecciones dermatológicas. Posee también una función regeneradora, la esencia de lavanda ayuda a mantener la piel en un estado óptimo y a regenerar cualquier zona dañada por quemaduras, anomalías de la piel, acné, dermatitis o envejecimiento prematuro. Para la higiene personal puedes utilizar unas gotas de lavanda en el caso de querer hacerte un baño relajante. También puedes emplearlo como desodorante sustituyendo el tradicional por una mezcla de aceites vegetales añadiendo unas gotas de aceite esencial de lavanda. En el caso de gripes, catarros o bronquitis leves, es recomendable hacer baños de vapor e inhalaciones con aceite esencial de lavanda. Este tratamiento natural ayuda a expectorar y a relajar el sistema respiratorio. Otra opción es añadir unas gotas a un humidificador o en la almohada cuando vamos a dormir. De hecho, si por cualquier razón conciliar el sueño se vuelve difícil, colocar unas gotas de lavanda en tu almohada cada noche puede ayudar a relajarte e ir conciliando el sueño.? Modo de empleo: Masaje: añadir 6 o 7 gotas en 100ml de aceite portador o crema base. Baño: 5 o 6 gotas en una bañera de agua (Niños sólo 2 gotas). Aromaterapia: 3 ó 4 gotas en un quemador. Inhalaciones: 2 gotas en 400ml de agua caliente.