Santolina (Santolina chamaecyparissus): Belleza plateada y aroma mediterráneo La Santolina (Santolina chamaecyparissus), también conocida como abrótano hembra o ciprés de lavanda, es una planta perenne originaria de la región mediterránea que destaca por su follaje gris plateado, su aroma intenso y sus múltiples usos ornamentales y medicinales. Es ideal para jardines de bajo mantenimiento, borduras aromáticas y paisajismo sostenible gracias a su alta resistencia a la sequía y su capacidad para prosperar en suelos pobres y soleados. Características de la Santolina La Santolina forma un arbusto compacto que puede alcanzar entre 30 y 60 cm de altura. Su follaje es denso, de color verde grisáceo o plateado, con hojas finamente divididas que desprenden un aroma herbal muy característico. Durante el verano, produce pequeñas flores esféricas de color amarillo brillante que contrastan con su follaje, atrayendo insectos polinizadores como abejas y mariposas. Su aspecto decorativo, junto con su resistencia, la convierte en una elección excelente para jardines xerófilos, rocallas, macizos, caminos y como seto bajo. Usos ornamentales La Santolina se cultiva principalmente por su valor estético. Es perfecta para: Crear bordes definidos en jardines formales o mediterráneos Complementar otras plantas de flor con su tonalidad plateada Usarse como planta tapizante en suelos áridos y pedregosos Formar setos bajos o figuras vegetales mediante poda ornamental Gracias a su textura fina y color discreto, combina bien con lavandas, romeros, tomillos y otras especies mediterráneas. Propiedades medicinales y tradicionales Históricamente, la Santolina ha sido utilizada en la medicina natural por sus propiedades: Antisépticas y digestivas Calmantes para molestias estomacales leves Repelentes de insectos, tanto en huertos como en el hogar Se puede preparar en infusión, aunque su sabor es algo amargo. También se ha utilizado para rellenar almohadas aromáticas o bolsitas protectoras contra polillas en armarios. Cultivo y cuidados La Santolina es extremadamente resistente y fácil de mantener, lo que la convierte en una opción ideal para jardineros principiantes o climas secos. Requiere: Suelo seco, bien drenado y pobre en nutrientes Exposición plena al sol Riegos muy moderados, tolerando la sequía prolongada Poda regular después de la floración para mantener su forma compacta No tolera bien el exceso de humedad ni suelos pesados. Una vez establecida, prácticamente no necesita mantenimiento.