Las semillas de ruda (Ruta graveolens) permiten cultivar una planta vivaz muy apreciada por su rusticidad, su atractivo aspecto y su gran resistencia. Se trata de una especie que alcanza una altura aproximada de 50 cm y que se adapta perfectamente a diferentes tipos de suelos, siempre que estén bien drenados y reciban abundante sol. Gracias a estas características, es una elección ideal para quienes buscan plantas fáciles de cuidar y mantener en su huerto o jardín. Cultivo de la ruda El proceso de cultivo de la ruda es sencillo y accesible incluso para principiantes. La siembra se realiza en primavera directamente en el terreno o en macetas amplias. Posteriormente, se aconseja aclarar las plantas dejando una separación de unos 65 cm entre ellas, lo que favorece un crecimiento equilibrado. A partir de los 3 meses ya es posible comenzar la cosecha. Su resistencia natural la convierte en una planta de bajo mantenimiento, perfecta para espacios con clima soleado. Usos en huertos y jardines Más allá de su resistencia, la ruda destaca por su valor ornamental. Su follaje verde intenso y su forma compacta aportan un toque especial a cualquier rincón, ya sea en jardines, balcones o terrazas. Además, es una planta tradicionalmente presente en huertos familiares, muy valorada por su aroma característico y por su papel en la cultura popular a lo largo del tiempo. Una planta con tradición La ruda ha acompañado a la humanidad durante siglos, siendo parte de costumbres y creencias populares. Actualmente, sigue siendo una planta muy apreciada por su versatilidad y facilidad de cultivo, lo que la convierte en una opción ideal tanto para jardineros principiantes como para amantes de la horticultura ecológica que buscan incorporar especies con tradición e historia en sus espacios verdes.