Si el ir montados era la envidia de las tropas a pie, estas olvidaban el trabajo que supone el cuidado de los caballos, y más en tierra seca y abrupta como la del norte de África. Adicionalmente, eran tropa de disponibilidad inmediata, acostumbrada a combatir tanto a caballo como pie a tierra, por lo que conforman unidades que suelen depender directamente del mando de la operación. Demostraron repetidamente un alto nivel de moral y capacidad de sacrificio, así como su profesionalidad y entrega, incluso entre la tropa de reemplazo.